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¿Cómo asociar el té con la repostería?

¿Cómo asociar el té con la repostería?

Tomarte un buen té, está bien. Tomar un buen té acompañado del dulce adecuado, está mejor. ¿Pero cómo asociarlos bien?

Por supuesto, es muy corriente asociar un vino tinto con carne, o un vino blanco con marisco. Pero en el universo del té también hay asociaciones que conviene privilegiar para aprovechar mejor los sabores. Y como la hora del té es a menudo la hora de la merienda, qué mejor que un buen dulce. La finalidad es una buena complementariedad tanto en las texturas como en los aromas.


Con un té ligero como el té verde o el té blanco.

Los tés blancos y verdes son generalmente ligeros: no son oxidados.
El té blanco es simplemente secado al sol y el té verde calentado al wok (para los tés chinos) o al vapor (para los tés japoneses).

Su aroma resulta delicado (lo que no significa soso, todo lo contrario) y su textura ligera en boca.
Se debe privilegiar las hojas enteras porque esos tés delicados no soportan muchas manipulaciones (mejor el granel que los filtros).
Se infusionan a temperatura baja, entre 65 y 75ºC durante 5 a 10 minutos en el caso de los blancos, y entre 70 y 80ºC durante 3 a 4 minutos en el caso de los verdes.
Para estos tés tenemos 2 opciones dependiendo del gusto de cada uno, según prefieres saborear el té o el dulce.
Puedes elegir un bizcocho ligero en sabor pero de textura esponjosa como el de yogur: el té le aportará sabor y su ligereza en boca se complementará con la textura generosa del bizcocho.
Al contrario, puedes preferir un dulce con más cuerpo como una Selva Negra: los aromas del té quedarán en segundo plano pero te refrescará agradablemente.
Una opción es el Pai Mu Dan, té blanco sutil y refrescante.
En cuanto a los verdes, el té de base, bastante neutro, tanto para degustarlo tal cual como para elaborar un té fresco o un té marroquí, sería el Gunpowder.


Con un té intermediario como el té azul.

Los tés azules u Oolong tienen aromas variados y complejos. Se degustan tras 5 a 7 min de infusión a 90 o 95ºC.
Estos tés refinados no tienen que ver su aroma estropeado por un dulce demasiado fuerte en sabor. Los puedes acompañar de flanes o de natillas: su homogeneidad en el sabor resaltará por contraste la complejidad del té.


Con un té fuerte como el negro o el rojo.

Los tés negros se caracterizan por su oxidación y tienen un sabor fuerte. En una degustación de tés, se tomarían al final para no enmascarar el sabor de otros tés más suaves.
Los tés rojos se dejan reposar en sótanos en unos tarros de barro. Es el famoso Pu Erh, tan apreciado que hablamos de cosechas como en el vino. Tiene un sabor característico a sotobosque, muy delicado.

Con el té negro se pueden hacer varias asociaciones, según el equilibrio que le quieras dar. Si es particularmente rico en aromas, un dulce tipo magdalena hará que los desarrolle plenamente.
En cambio, si buscas algo más explosivo, combínalo con el chocolate. El Pu Erh, al ser fermentado, pega muy bien con el aroma a cacao torrefacto del chocolate negro.
También es una buena opción para los crumbles o las tartas tatín: su sabor caramelizado hará buenas migas con un té negro fuerte.

Puedes combinar cualquiera de los tés negros, por ejemplo un Darjeeling Pussimbing o un Assam Bherjan con más cuerpo, con la condición de que sea puro, sin aromas añadidos.


Con un té aromatizado.

Los tés aromatizados suelen ser una puerta de entrada en el universo del té. Permiten variar con sus mezclas de cítricos, de frutas dulces, o de flores como el té de jazmín o a la rosa.
Al ser ricos en aromas es mejor no añadir un dulce fuerte, y la mejor combinación resulta ser la ensalada de frutas.
En este caso, cualquier té aromatizado es válido, según tus gustos y preferencias.


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