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La Historia del Té

El origen geográfico del árbol de té sigue siendo un enigma. Sin embargo, dentro de una multitud de hipótesis, las investigaciones de Don Wight son particularmente evocadoras...

No sólo sus investigaciones están centradas en unas bases científicas serias, sino que también tienen la ventaja de explicar de manera satisfactoria la existencia de tres grandes tipos de árbol de té.

El origen del árbol de té se ubicaría alrededor del punto 29° de latitud norte y 98° de longitud este, o sea, en el manantial del río Irrawaddy. En esta zona geográfica hallamos el Assam, China, Birmania y el Tíbet, y tres grandes ríos de Asia del Sur-este cruzan estas tierras: el Luhit (un tramo del Brahmapoutre), el Mekong y el Yangzi Jiang.

Diversas semillas, viajando con la voluntad del viento, habrían caído en estos tres ríos. Es gracias a ellas que habrán aparecido los tres tipos de árbol de té.
Las semillas llevadas por el Brahmapoutre, habrían recorrido el Assam; esta jungla india casi impenetrable dónde árboles muertos quedan en pie por falta de espacio para caerse. El árbol de té de esta zona, de tipo assamais se habría desarrollado en estas tierras extremadamente ricas.

Las semillas llevadas por el Mekong, el cual recorre Indochina hasta el sur, habrían concebido el árbol de té de tipo camboyano.

En cuanto a las semillas llevadas por el YangziJiang, el cual va hacia el este y recorre china, habrían concebido el árbol de té de tipo chino.

Después de unos cuantos debates y tantas austeras especulaciones, sabemos ahora que todos los árboles de té del mundo descienden de una sola y única especie, el Thea (camelia) sinensis del orden de los gutiferos, familia de los ternstroemiaceos.

Se trata de una camelia. Sus flores, pequeñas y abundantes, son blancas. Teñidas en su base de marrón claro, pasan a ser cada vez más claras acercándose a la cumbre de la corola. Pero estas flores, aunque estupendas, tienen escasas ocasiones de alcanzar la madurez. En cuanto la hoja aparece, aún en estado de yema, es seleccionada con el objetivo de dejar la savia alimentar únicamente las hojas. Son estas hojas que han creado la fama de esta camelia muy particular.

De forma alargada, ligeramente elíptica y muy finamente dibujada, las hojas del árbol de té son persistentes, es decir que se quedan en el árbol todo el año. Su cara superior es verde brillante. Su cara inferior es más clara y mate. Muy buscadas, las yemas de hojas están recubiertas por un fino vello blanco parecido a pelo de niño, llamado pak-ho en dialecto cantones, de donde sale el término pekoe que designa éstas jóvenes yemas y que encontramos en las graduaciones del té.

Existe sólo una especie de árbol de té alrededor del mundo, no obstante esta especie única se subdivide en diversas variedades. A lo largo del tiempo, dos variedades principales se han visto impuestas para la cultura: los árboles llamados de China y los de Assam.

Los primeros fueron conocidos y explotados bastante antes de la era cristiana.
Descubiertos mucho después, al alba del siglo XIX, los árboles de Assam vienen de la provincia del mismo nombre, situado al norte de la India.

Aunque primas, estas dos variedades del mismo nombre presentan diferencias significativas. En estado salvaje, el árbol de China mide generalmente 2 a 3 m de alto y puede vivir 100 años y a veces mucho más. Con sus pequeñas hojas fuertes, éste resiste mejor al frío que el Assam, que en cambio soporta muy bien las lluvias abundantes y repetitivas. El árbol de Assam, bastante más grande, puede alcanzar una altura de 20 a 30 m, dotado de largas hojas las cuales pueden medir hasta 15 cm. El árbol de Assam sólo vive unos cincuenta años. A estas dos variedades conviene añadir un abanico de híbridos que intentan, a veces, de tener las cualidades del Chino y del Assam: Boeha, Assamica, Shan...