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El Rooibos

Suavemente meciéndose con la voluntad del viento, los ramos verdes y amarillos del rooibos. Es impensable que en estas tierras arenosas y áridas puedan desarrollarse estas plantas. En inmensas superficies, los bosquecillos de rooibos se acomodan armoniosamente con la naturaleza.

El Rooibos (Aspalthus Linearis en Latín) forma parte de la familia de las leguminosas y prospera únicamente en las cumbres sur-oeste de las mesetas de Sur-África. Con sus finas hojas con forma de agujas ligadas estrechamente a las ramificaciones, tiene todos los triunfos para adaptarse a este clima seco y caliente.

En cada trago, podemos sentir la extraordinaria fuerza que le procuró el sol a esta planta. Es este sol ardiendo en un cielo azul el que entrega toda su energía y esta fantástica felicidad por vivir que se puede sentir ahí. Son esos colores cálidos, rojos y dorados de las tierras africanas que están dentro de la taza.

Deleitándose un rooibos, no sólo es una taza de té que tomamos, sino también sol, tierra y felicidad por vivir sur-africana que recibimos. Le toca ahora a usted de descubrir y elegir dentro de todas esas variedades él que más le guste. Sólo es al cabo de un año y medio de desarrollo que la planta puede producir una cosecha. La misma planta podrá seguir haciéndolo durante 5 a 10 años. La cosecha se practica una vez al año desde el mes de Enero a Marzo. Son aquellos meses en Sur-África con temperaturas rondando los 40 a 45º de día y 20º de noche. El clima permite un proceso de fabricación de lo más natural. La fermentación y el secado se hacen al aire libre con la ayuda del sol. El aire es de lo más puro, sin polvo, sin gas industrial ni químico. Los bosquecillos enteros son recogidos hasta 30 cm. del suelo. Estas cosechas son la mayoría hechas manualmente.

Sólo son las grandes explotaciones las que utilizan las máquinas. En fincas grandes, la fabricación se hace directamente in situ. En cuanto a las pequeñas explotaciones, llevan su cosecha a las cooperativas. La fabricación es siempre idéntica: las ramificaciones enteras con las hojas pequeñas son cortadas en trozos de 5 mm. Estos pasan luego en las máquinas de apisonar lo cual, al igual que para la fabricación del té, dar libre curso a los aceites esenciales con el fin de comenzar la fermentación.

Luego, se extienden estas hojas en un grosor de 50 cm vaporizándolas de agua con el objetivo que la fermentación sea idéntica para toda la cosecha. Este proceso ofrecerá a la planta su sabor y color. Después de unas horas de fermentación, el rooibos será extendido en una fina capa y secado por el sol sur-africano. Para una conservación óptima, será pasteurizado en el aire caliente.

Su color rojo cobrizo y su aroma intenso y dulce enloquecerán los paladares de los más sutiles gourmets. El rooibos no contiene teína y muy pocos taninos. Es la bebida idónea para todos los días saboreándola día y noche. Muy refrescante con limón, suave con una nube de leche o de nata, se saborea el rooibos caliente o frío.

En Sur-África, llevan mucho tiempo preocupándose de los componentes del rooibos, de sus propiedades y de sus efectos benéficos para los hombres. Según diversos estudios hechos sobre los efectos del rooibos en la salud, se descubrió que éste es exento de teína y muy rico en sales minerales, vitamina C y antioxidantes. Es antiespasmódico y es un excelente aventador. Gracias a la presencia de sustancias vegetales tiene una función importante en el buen funcionamiento del cuerpo humano.